Mi historia de la Clínica Dieciséis |Erika


En su mayor parte, mi vida era prácticamente normal. Hace cuatro años, empecé a sentirme muy enferma. Fui a un hospital local donde me hospitalizaron varias veces en cuidados intensivos durante semanas a veces incluso meses. Los doctores me hicieron todo tipo de pruebas y no me encontraban nada. Comencé a aumentar de peso drásticamente hasta que finalmente llegué a un límite donde ya no podía más. Desarrollé cinco nuevas hormonas en mi cuerpo. Estas hormonas afecto a mi tiroides, también afecto a mis caderas causando que se desgastaran en una manera rápida. Desarrollé diabetes, presión arterial alta, colesterol alto y problemas con mis riñones.

Me sentí derrotada. Mi salud me afectó en todos los sentidos, físicamente, mentalmente y emocionalmente. Para ese entonces, mis padres vinieron a visitarme de México. Poco sabía, que sería la última vez que me visitarían. No quería decirles lo mal que estaba de mi salud, pero tenían tantas preguntas sobre mi aumento de peso y por qué estaba cojeando con un pie. Debido a mis caderas degradantes, el médico ya me había dicho que estaría en una silla de ruedas. Lo último que quería hacer era que se fueran con esa preocupación. Les conté todo excepto tener que estar en una silla de ruedas. Ocho días después, mi padre falleció. Él también estaba muy enfermo. Cinco meses después, mi madre falleció. Fue un momento muy difícil para mí superar la muerte de mis padres en medio de todos mis problemas de salud y a la misma vez tener que prepárame mentalmente a estar en una silla de ruedas.

Mi hermana empezó a ver cómo mi espíritu se disminuía. Mi hermana me suplicó, “Yo estoy en la Clínica de la Dieciséis, ve con ellos! ¡Ellos te van a ayudar!” Estaba a punto de perder mi seguro porque ya no podía trabajara tiempo completo o trabajar en absoluto. Mi hermana me dijo que ellos serían capaces de ayudarme y le agradezco a Dios que pudieron hacerlo. No aceptaba el hecho de que tendría que vivir el resto de mi vida en una silla de ruedas. Mi doctor de la Clínica de la Dieciséis me envió a un especialista en huesos. El especialista me dijo que, para conseguir mi cirugía de reemplazo de cadera, necesitaría perder 200 libras. Al principio, pensé: “¿Cómo podré perder tanto peso?” Después de consultar a mi médico, me sugirió que me hiciera la cirugía de bypass gástrico. Después de la cirugía, seguí las instrucciones que me dieron los doctores. Fue difícil. Me sentí como si el mundo se me estuviera cerrando. Me sentía sola, pero mis hermanas nunca dejaron mi lado. Sus palabras alentadoras me mantuvieron motivada. Le pregunté a Dios, “Si me disté este camino, tú sabes por qué. Has puesto muchas piedras en mi camino, pero sé que me enseñaras a saltar… ” Me animé. Saqué mi silla de ruedas, y acepté que estaría en ella, al menos por un tiempo. La silla de ruedas se convirtió en mi forma de moverme. Me pregunté: “¿Qué voy a hacer para sobrevivir, ¿cómo voy a pagar mis cuentas y mi renta? Ya no podía trabajar, pero yo hacia la lucha. Empecé a hacer gorditas orgánicas y vendía alrededor de 250 por semana. Hacia tortillas de harina, tamales, y ahora vendo nopales.

En este punto, ya no tenía seguro. Mi hermana y yo empezamos a llorar porque necesitaba mi cirugía de reemplazo de cadera. Mi hermana me dijo, “no te preocupes, voy a hablar con alguien de la Clínica de la Dieciséis haber que lo que pueden hacer.” A través de la Clínica de la Dieciséis, pude ser recipiente de SAUP y fui aceptada para obtener mi primera cirugía de reemplazo de cadera. Tenía la fecha para mi cirugía, todo lo que necesitaba era el tiempo. Cuando fui a visitar al doctor en el hospital, me dijo que ya no podía operarme. Me sentí derrotada. Afortunadamente, un poco tiempo después, otro médico del mismo hospital me llamó y dijo que estaba interesado en realizar la cirugía. Me dijo que para que él pudiera hacer la cirugía, necesitaría perder 20 libras en 3 meses. Perdí más de 20 libras, y fue capaz de hacer la cirugía hace tres meses. Mi segunda cirugía para mi otro reemplazo de cadera está programada para el 31 de enero. Con mucho trabajo, he podido empezar a caminar de nuevo con un bastón.

Le debo mi vida a la Clínica de la Dieciséis. Me dado todos los recursos que necesitaba para vivir mi vida. Me dieron una segunda oportunidad en la vida. A lo largo de mis diferentes cirugías, mi médico de la Clínica de la Dieciséis siempre estaba muy atenta a mí y a todas mis necesidades. Mis enfermeras en la clínica también son muy atentas y cariñosas, se preocupan por mí y mi bienestar. Conozco a todos en la clínica. Les digo a todos que la clínica es como mi segundo hogar, paso la mayor parte de mi tiempo allí. Siempre me dan la bienvenida con un, “Hola Mija como estas…” Siempre me siento bienvenida. A través de la ayuda y el apoyo de mis hermanas, mi iglesia y la Clínica de la Dieciséis, he ganado la fuerza para seguir luchando por mi vida.

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