Mi Historia de la Clínica 16 | Maria y Sergio


“Llegar a la conclusión de que está cometiendo errores con sus hijos puede ser duro. Al principio, nosotros pensábamos que no lo necesitábamos, como seguramente piensan muchos padres. Pero no puede pensar en ello o analizar lo que hace o dejar de hacer. Simplemente vaya. Vaya y dele una oportunidad.”

Tiempo atrás, escuché en algunas oportunidades sobre las clases para padres del Centro de Recursos para los Padres ubicado en los Centros Comunitarios de Salud de Sixteenth Street (Sixteenth Street Community Health Centers). Y pensé, no necesito clases para educar a mis hijos, estoy haciéndolo bien. La última vez que Sarahi, Educadora de Padres, me las mencionó, por curiosidad, decidí ir a escuchar y ver de qué trataban. Además, sería una manera de pasar tiempo juntos con mi esposo y de que salgamos de la casa. Nunca nos imaginamos que estábamos cometiendo muchos errores y que esas clases cambiarían completamente nuestras vidas, y lo más importante, las vidas de nuestra familia.

Disfrutamos tanto la primer clase que continuamos asistiendo al resto sin perder una sola clase. Cada semana, esperábamos con ansias ese momento y no podíamos esperar para escuchar sobre lo que hablaríamos la clase siguiente. Estábamos muy entusiasmados con las clases porque todo lo que aprendíamos era útil. A medida que pasaban las semanas, los cambios positivos en el hogar eran claros y emotivos. Queríamos seguir aprendiendo. Nos abrumaba la diferencia que marcaban las clases.

Nosotros no somos estadonuidenses. Crecimos en un pueblo pequeño y frío con problemas de crianza y muy poca educación. No expresamos bien nuestras emociones y estamos acostumbrados a una cultura que espera que seas fuerte. No andábamos diciendo te amo todo el día. Con frecuencia, uno vive la cultura y las costumbres que conoce sin pensar dos veces en lo que hace, o si es la manera correcta de hacerlo. Estas clases nos ayudaron a ver que había muchas cosas que no hacíamos bien y que la manera que siempre tuvimos de hacer las cosas necesitaba cambiar.

Antes de comenzar las clases, éramos dictadores en nuestro hogar. Exigíamos a nuestros hijos que hicieran lo que decíamos porque éramos los padres. No les pedíamos su opinión, no tolerábamos ningún descuido y no hacíamos las cosas con amor. Nuestros hijos eran rebeldes. Si hacían lo que les pedíamos lo hacían con enojo y tensión. Como padres, no estábamos en la misma sintonía y con frecuencia nos contradecíamos mutuamente.

Sarahi nos abrió los ojos sin emitir juicios. Nos dio consejos útiles y prácticos que podíamos llevar a casa ese mismo día y ponerlos en práctica. Aprendimos a formar un equipo como padres. Aprendimos cómo tratar a nuestros hijos con respeto. Aprendimos que si le hablábamos a nuestros hijos con calma y sin enojo, ellos lo corresponderían. Aprendimos cómo expresar nuestros sentimientos, cómo darles la atención que necesitaban y mostrar nuestro amor. Aprendimos muchas cosas para enumerar aquí. Una más valiosa que la otra.

Nunca olvidaremos la vez que regresamos a casa desde una clase y escribimos cartas a nuestros hijos, como sugirió Sarahi. Escribimos acerca de cuánto los amábamos, de cuánto nos preocupábamos por ellos y de que eran lo mejor que nos había pasado. Ellos lloraron de felicidad y emoción cuando leyeron las cartas. Aún las tienen guardadas en sus habitaciones para leerlas cuando se sienten tristes o amargados. Sergio trabaja en el tercer turno, por lo que no ve muy seguido a los niños. Sin embargo, continúa escribiendo cartas y dejando pequeñas notas para cuando se levantan o para cuando se van a dormir. También para mí. Como familia, nos recuerda constantemente su amor a través de esas notas. Las cosas que parecen tan pequeñas pueden hacer la diferencia más grande. Esto es solo un ejemplo de una de las cosas que hemos cambiado. Nuestro hogar y la relación con nuestros hijos se siente muy diferente.

Llegar a la conclusión de que está cometiendo errores con sus hijos puede ser duro. Al principio, nosotros pensábamos que no lo necesitábamos, como seguramente piensan muchos padres. Pero no puede pensar en ello o analizar lo que hace o dejar de hacer. Simplemente vaya. Vaya y dele una oportunidad. Escuche lo que Sarahi tiene que decir y escuche a los demás padres. Una de las mejores cosas del grupo es la reunión social y la camaradería que descubrimos con el resto de los padres. No solo escuchamos, sino que colaboramos. Nos ayudamos mutuamente porque nos entendemos unos a otros. Hágase el tiempo para ir, es solo una vez por semana y lo que recibirá a cambio lo acompañará por el resto de su vida y más.


¿Quiere aprender más sobre las clases de padres? Llame a Sarahi al 414-897-5296

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